miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA LLUCA Y EL FILÓLOGO.

Que no se alarme, ni se asuste, ni se burle antes de tiempo, que se lo tome con calma; lo que pasa es que ayer estuve recordando las tan manidas formas de preguntar por la ortografía de algunas palabras, que desde los tiempo de upa nos acompañaron.

Y qué mejor referencia que la yuca, con ye, como se debe. Cuántas veces oímos preguntar, o lo hicimos nosotros mismos: ¿con ye de yuca?, y claro, la consabida respuesta que no se hacía esperar "con elle, de lluvia" (torpe). Y también la "be" corta y la "b" larga, con sus animalizadas versiones: be de burro y "be" de vaca, sin faltar la "ce" de casa. Ahora me pregunto si también recurriamos a la "ge" de gato; creo que la pregunta se hacía, ¿con ge o con jota?, a lo que solían respondernos con un desconsolador: siiií.

Ahora, muchos años después, pero no propiamente frente al pelotón de fusilamiento, y bastante desconectado de la palabrería estudiantil y sus formas y recursos, salta a los titulares de la prensa lo de la nueva gramática de la lengua, y sus pretenciones de acabar con tan ingeniosas formas; que nada, que la be es la be y la uve es la uve, y ye y elle, y pare de contar, que no hay duda ni razón posible, que se escribe como se escribe y se llama como se llama, así que se pueden ir introduciendo sus yes -con sus respectivas yucas- por donde mejor les parezca, y punto!

Jóder con lo filólogos y los gramáticos y los académicos y demás especímenes semejantes!!!.

Pues bien, siempre nos enseñaron -otra cosa es que lo hubiéramos aprendido- que la be es la be, la uve, uve, como también que la ye es la ye y la elle, elle.
Lo mismo que lo de labidentales y labiales, y vainas por el estilo. Pero eso sí cuando llegaba el caso no era frecuente quecurrir a tan apropiados nombres, volvíamos al tubérculo, los cuadrúperos y al consabido aguacero. Cosas de muchachos.

Con la ge y lo jota la confusión era menor, y en caso de confución el felino era buen compañero, aunque no faltaba quien confundiera a don Gorje.

¿Cómo preguntan ahora por la ortografía los hijos y los nietos de los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá de 1978?. Esa pregunta no tiene respuesta, lo sé de antemano, y no porque no se hagan las preguntas y se obtengan respuestas, no, simplemente porque a este blog, nadie le escribe!

lunes, 25 de octubre de 2010


EL MONZÓ DE UNA BARCELONA SORPRENDENTE

Barcelona. Ciudad europea. Tierra de sorpresas. Territorio para la creatividad. Otra España vivida y disfrutada. Memoria desgranada para los amigos cómplices. Ahora con el nombre grato de Amanda. Mi encuentro con la ciudad cosmopolita, abierta, encantadora. Y sin embargo, ciudad relegada por la historia oficial. Tierra de mirada zurda, intuida desde la propuesta de Gaudí. Confirmada a cada paso de argonauta asombrado, en Pasei de Gracia. Calles construidas para mis avios, donde asomó, desmesurada, la poética de Brossa. Ni los géneros pusieron límite a su expresión, militó en el bando libertario. Artista catalán que cultivó, desde la poesía, todas las expresiones: literaria, escénica, visual, objetual. Son chistes gráficos sus poemas visuales que rompen la lógica como ola en la roca. Si no lo hubieran ocultado, podría afirmarse que es el padre del mal denominado humor gráfico. Amigo de Miró, Foix, Prat y todos los posibles Joans republicanos, como si alguno no lo fuera. Convocados por la imaginación, todos, incluido Serrat, aparecieron de golpe en el rincón museo donde pervive Joan Brossa. En todos y todas, la vocación inquebrantable, señera, de contarse como un conglomerado humano particular, identificable, con destino propio. Un conjunto de genialidad que reafirma la particularidad de la mágica Barcelona: ciudad con pasión artística, estética, contracultural, vanguardista, memorable.

Gaudí. Hombre mito. Una arquitectura alelada. Pero también cosmovisión intensa. Ser reinventado desde la naturaleza. Sus comprensiones místicas cantadas en piedra. Batló, Miló, Güell, Sagrada Familia; geometrías regladas. La voluntad trascendente del artista que revela secretos. Exploración de arcanos que tienden puentes a sentimientos hondos. Esa, la particular sensación del encuentro con el artista presentido. Parque Güell, la unión con el héroe de las mil caras. La certeza de haber caminado en la cresta de un milenario dragón. La íntima convicción, compartida con Elena, de encontrarme en el regazo del monstruo. Monomito en clave, historia que nos inventa y se repite en un eterno retorno. Intuición de haber leído bien a Campbells y la alegría de saberme protagonista del juego. Una aventura rematada con la espada de San Jorge en el alto de las tres cruces. Y allí, el lenguaje críptico que nos cuenta desde los arquetipos y la psicología de las profundidades. La necesidad de encontrarnos con el Minotauro y vencerlo, para regresar, limpios, luminosos, depurados, a nuestra propia aventura. Complicidad, a cada paso, con signos, materiales, técnicas: cerámica, vidriería, hierro forjado, palmeras, cielo abierto y su palpitante trencadis. La otra cara –maravillosa, mística, exotérica y poco turística– de una Barcelona secreta, profundamente habitada, que está por ser descubierta.

Batucada. Alegría súbita. Invitación a seguir. Llamado a la sonrisa. Exhortación a explorar infinitas posibilidades. Barcelona es entonces una ciudad lúdica. Una urbe viva que se levanta contenta. Desde sus plazas abiertas, los mimos guiñan gestos. Como espejos, esculcan las sonrisas en los rostros asombrados. Es diciembre, los barceloneses concitan la solidaridad en cada esquina. Aquí, en el Montjuic las toponimias nos recuerdan a los griegos. En Las Ramblas, la inmovilidad de las estatuas humanas convidan al regocijo. El paseo huele a mar, a mariscada, a manada de domingo sin afanes. En el Rabal, un desmesurado gato se erige sonriente, es Botero que ríe impúdico, Una Hormonia, fiera mitológica que los griegos no cantaron, asoma su rostro en un croissant. Daniela Violi, ilustradora colombiana, es el espíritu de fiesta en la colonia latinoamericana, cantamos con ellos. La visita al Mercat de Saint Antoní nos acerca las costumbres navideñas; canelones de bonito, nuestra cena. En el barrio gótíco la memoria registra callejones que acercan los pasos cansados al Palau de la Música. Descubrimos los cagatíos, luego, una larga fila de turistas que desesperan por un costoso bocadillo de tradición y marca. Finalmente construyo caleidoscopios con los fragmentos de las vivencias recuperadas y vuelvo a caminar los afectos de la Barcelona humana.

Monzó. Otro encuentro. Lejos de Barcelona. Un escritor asombroso acecha. Espera paciente para suscitarme recuerdos. Se llama Quim, llega por sorpresa. Estoy en la Biblioteca de la UCM. Derivo mientras una anhelada decisión burocrática estira tiempos. Busco algún aliciente que ayude a entretener la espera. Alargo la mano, cojo el primer libro a mi alcance. Entonces aparece él, Quim Monzó, y se desgrana con sus cuentos. Un escritor barcelonés, creativo, novedoso, ameno, con insuperable habilidad para traspasar dimensiones. Vuelvo a leer la tapa del libro: 86 cuentos, y es de Anagrama. No es novel, tampoco desconocido, aunque los circuitos comerciales no lo promocionen al Nóbel. Aunque haya sido traducido a doce idiomas y se le compare con Kafka, Borges, Rabelais. Así lo refiere la contracarátula que además relaciona sus novelas, sus antologías y los premios recibidos. Sus narraciones de tiempos entretejidos, la velocidad de sus relatos y sus personajes mágicos, seducen, alucinan, atrapan. Joan Brossa vuelve aparecer en uno de ellos, Quim Monzó lo conjura, le dedica Historia de un Amor. La serpiente que se come por la cola, el monomito que regresa en el dragón de Güel a Barcelona. Surge la idea de compartir el texto de Quim Monzó con los amigos, en este ejercicio de afectos literarios: Portafolios.

Carlos Alberto Villegas Uribe
Técnica Mibonaci (1,2,3,4,5,6…..)
Madrid, 24.10.10.

domingo, 10 de octubre de 2010

NOBEL -ES

Isaac Bashevis Singer, voy a pecar de ignorante y de atrevido a la vez, pero estoy casi seguro que ninguno de los bachilleres egresados en 1978 del Colegio Robledo de Calarcá, entre los que me cuento, identificarán este nombre con ningún escritor, y menos aún con un premio. Afirmación extensible a la inmensa mayoria de bachilleres egresados de los colegios de secundaria de Calarcá, el Quindío y Colombia, para no extenderme más, que no es necesario. Su nombre no nos dice nada, en absoluto; a quién sí? Vamos, sin consultar la Wiki, que eso es trampa!

Pues bien, no prolonguemos más la duda, el Isaac éste, judio de origen polaco, recibió el Nobel de literatura ese año, 1978, y no voy a citar a los galardonados en Física, Química, Medicina o Economía, que sus nombres se nos quedarán igual de lejanos y extraños. Pero sí agregaré los de Anwar al-Sadat y Menachem Beguin, también judio de origen polaco, que recibieron el Nobel de Paz, por su participación en los acuerdos de Camp David, alguién los recuerda?. Sí con Jimmy Carter, el 17 de septiembre, mediante el cual Israel y Egipto dirimieron sus conflictos territoriales y firmaron la Paz, lo que terminaría costandole la vida al presidente Egipcio tres años más tarde. . . Seguramente estabamos tan concentrados en terminar año y graduarnos, que ni nos dimos cuenta.

Así es, de 1978 recordamos que fuimos extirpados del Colegio, pero poco más, para muestra estos botones. Me pregunto hora qué recordarán los bachilleres del 2010, cuando dentro de treinta o más años, les pregunten por Liu Xiaobo? si es que alguno lo identifica hoy con el Premio Nobel de Paz de este mismo año.

Nota final: por fin, después de varios meses, terminé la lectura de El nacimiento del mundo moderno de Paul Johnson; Ahora enfilo con Postguerra, una historia de Europa desde 1945, de Tony Judt, historiador Británico fallecido hace apenas dos meses.


martes, 5 de octubre de 2010


¡Viva! ¡VIBA! El IBA tiene pregrado


El pasado 30 de septiembre, el Consejo Superior de la Universidad del Quindío aprobó el pregrado en Artes Visuales para el Instituto de Bellas Artes –IBA–.

Esta deuda pagada se convierte en una buena noticia que nos deja dos certezas.

Una, los procesos institucionales, por paquidérmicos, responden tarde a los anhelos de formación de los quindianos.

Dos, más allá del necesario trabajo serio que garantice la solidez de los programas, existe mucho de voluntad política que viabiliza o entorpece las iniciativas de los funcionarios que quieren hacer progresar a la Universidad del Quindío.

Cuando a mediados en la década del 90, el rector Henry Valencia Naranjo dio vía libre al Instituto de Bellas Artes en el edifico patrimonial del centro de Armenia, ya muchos años antes, varios profesores habían luchado a brazo partido por hacer realidad esa iniciativa. Entre ellos Mario Ramírez Monard, quien prefirió aceptar el inicio del IBA con cursos de educación continuada a abandonar una idea que revolucionaría la enseñanza estética en el Departamento.

En varias oportunidades el propio Ramírez Monard intentó que distintos rectores entendieran la necesidad de unos programas formales para abirle las puertas a la cualificación profesional de los talentos quindianos.

Con Laura Victoria Gallego y con un grupo de profesores del Instituto de Bellas Artes trabajamos en el 98 los primeros currículos formales para aprobación del Consejo Superior. Recuerdo con especial cariño, por su dedicación, los nombres de Maria Fernanda López, Alba Lucía Solorza, Mildred Eugenia Gutiérrez y Antonio Stalin García, en el área de Artes Visuales, a Juan Carlos Guío, Deiner Sergio Hurtado, Alberto Gaitán y Edgar Gallego, en el área de música.

Contamos además con el aporte profesional de un artista quindiano formado en Tecnología Educativa: Gustavo Muñoz Matiz. Con el apoyo del Ministerio de Cultura y la Gerencia de Cultura que orientaba en su momento Gladys Molina articulamos a estas iniciativas el Diplomado en Gestión Cultural y formulamos el proyecto de la Escuela Internacional de Bellas Artes. Sin embargo, la mirada pragmática del rector de turno no le permitió entender que el Quindío necesitaba alas para el espíritu y su generosidad solo alcanzó para la dotación de unos pocos nuevos instrumentos.

11 años después de una paciente tarea -en la que cuenta sin duda la presencia constante de José Nodier Solórzano Castaño como Coordinador Académico, y del animoso grupo de profesores, entre quienes todavía sobrevive con pasión de creadora, el nombre de Mildred Eugenia-, es posible que los quindianos celebremos un triunfo que nos pertenece a todos: por fín le han aprobado al Instituto de Bellas Artes su primer programa de pregrado en Artes Visuales.

José Nodier, a quien no solo conocemos como un escritor de talento en el Quindío, sino también como a un gestor cultural de trayectoria probada que le ha entregado a nuestra tierra la primera y efectiva Biblioteca de Autores Quindianos, se prepara para apuntalar un nuevo éxito en su tenaz gestión académico–administrativa: el programa formal de música y el programa de Danza. 11 años de una paciente y titánica labor contra la falta de voluntad política y la desidia estética.

Y así como no hemos señalado los nombres de quienes han entorpecido un rápido desarrollo del IBA –pues no se lo merecen–, sí es necesario señalar que para los artistas, los gestores culturales y los ciudadanos interesados en el desarrollo cultural de nuestra tierra, el nombre de Alfonso Londoño Orozco, actual rector de la Universidad del Quindío, brillará con horizonte propio en la historia del arte quindiano. Voluntad política que se traduce en certezas académicas y en elementos de progreso para la región. Enhorabuena.

Carlos Alberto Villegas Uribe
Madrid, 05.10.10

martes, 28 de septiembre de 2010

Buenvenida al otoño

Por estos lares y a estas alturas, o bajuras, dependiendo de quien lo mire; por esta latitudes, como podría decir otro, cualquiera, que poco importa; se nos ha venido encima el Otoño, una de las cuatro estaciones que bien musicalizó Vivaldi, atrás quedó el verano, uno más, que ya vendrán otros.

Así, trimestre a trimestre, las estaciones nos marcan la vida; ya ayer, en Valencia, amanecíamos con temperaturas que invitaban a desempacar la primera chaqueta y este es un buen indicio, al menos para la costa levantina, que otros años se ha torrado hasta bien entrada la estación.

He de aprovechar la ocasión para rescatarme, espero estar a tiempo; porque la competencia se pone dura, como decimos, y después de siete entradas concecutivas de PTT, es hora de volver a la friega, no puedo ni quiero abusar de la confienaza del amigo y dejarle toda la responsabilidad del Blog (esto último es para que PTT se los crea, a pie juntillas!).

Así que no encontré mejor disculpa que darle la bienvenida al otoño, nada de reconocimientos, ni cartas, ni cosas sesudas como las de mi contertulio, no, yo sólo puedo dejar caer los dedos sobre las teclas y tratar de ocupar el espacio, sin mucho remordimiento. Y es que el otoño, como todo en la vida, tiene su encanto; las temperaturas se hacen disfrutables, que ni frio ni calor, mas bien todo lo contracio; algo de lluvia, un poco de sol, días grises que invitan a un buen café o una taza de chocolate -con churros- y si tienes la oportunidad de salir de la ciudad, los bosque te regalan con una fiesta cromática que ni qué decir.

Además, las agradables temperaturas facilitan sentarte frente al ordenar y tratar de desordenar algunas ideas, cosa dificil para mí. Pero el otoño es bueno para reflexionar sobre el verano, ya que en esas nos la pasamos, rumiendo recuerdos; este verano fue otro más, muy similar al anterior, récord, se pasó la estación y no fuimos a la Malvarrosa a mojarnos ni siquiera los pies, otro año sin playa, ni que fueramos de sal. Es más, los últimos días de verano los pasamos en Cantabria, visitamos las playas de Suances y de Santander, la capital, y ni así, no nos dejamos mojar por las aguas de Canábrico, las miramos y de lejitos, curioso!

Y de lecturas, mientras el año pasado me despachaba con la biografía de Antonio Machado -Ligero de Equipaje- de Ian Gibson, este año no he podido darle mate a El Nacimiento del Mundo Moderno, de Paul Johnson, poco más de novecientas páginas donde el autor cuenta las peripecias que en la década de va de 1815 a 1825 constituyeron la base de lo que terminó siendo el mundo de hoy. De eso no nos contaron nada en las clases de historia en el Colegio Robledo de Calarcá, o al menos yo no lo recuerdo. Pero eso sí, nos mandaron al mundo como bachilleres en 1978, qué más daba que no tuvieramos ni la más remota idea de los tejemanejes que dieron origen al mundo moderno 150 años atrás. Lo importante era que nos fuéramos a joder a otra parte dejando el espacio libre para los que seguían; porque como las estaciones, las generaciones de estudiantes deben marcan también las vida de esas instituciones de mil nombres, donde pasamos buena parte de nuestra temprana juventud.

Que el otoño sea fructifero, y nos permita llegar en buena forma al invierno en ciernes.

domingo, 26 de septiembre de 2010


MEMORIA DE UN BRINDIS




Cafetiche. Un lugar. Una celebración también. Trabajo con final feliz. Y la foto lo testimonia. Empieza, colorido, el otoño en Madrid. El café Van Gogh, nuestro café fetiche. Lugar de reunión, crisol de risas, taller literario. Alexander Prieto Osorno pone punto final a su novela. Nos hemos reunido con él, desde el invierno de 2009. Hemos visto cómo crece, desde la voluntad de obrar, su trabajo. Maduró día a día, semana a semana, y hoy cosecha sus esfuerzos. Jesucristo 2, la venganza, es el título elegido, al menos por el momento. Su representante editorial en Alemania espera la novela, Alexander quiere, también, enviarla a concursar. Una novela risueña, urticante, atrevida que transgrede la institucionalidad desde la libertad de la caricatura. Caricatura escrita, es necesario subrayarlo, para quienes no son capaces de ver sino la caricatura gráfica. Caricalomía, aunque el término suene a tecnicismo, a palabreja complicada e inútil, y sin embargo, precisión necesaria. En el exigente arte de la caricalomía, caricatura escrita, insisto, Alexander es un maestro, su trabajo lo demuestra. Bonitos crímenes, su más reciente e hilarante libro, publicado en Madrid por La Mirada malva, testimonia esa capacidad humorística. Trabajo literario que recarga el mundo dado, institucionalizado, esclerotizado, para castigarlo con la sátira desde una mirada cómica que contagia.

Sátira. Divertido trabajo. Libro que ríe. Pero también reflexión profunda. Y humor en sentido sustancial. Provocación de estados de ánimo diversos. Una literatura que cumple su función social. Esto es, en apretada síntesis, su nueva obra. Un juego con la palabra que desvela la iniquidad. Pregunta esencial por la risa, la vida y su razón. Ganador del Rulfo de cuento y poseedor de una mirada cómica que zahiere. Ahora, Alexander Prieto Osorno profundiza en su quehacer literario para entregarnos esa preciosa joya. Por sus ácidas críticas a la institucionalidad pervertida, ningún lector quedará indiferente ante esta novela. No recomendamos su lectura al papa Benedicto XVI, ni a los ceñudos seguidores de monseñor Escrivá. Tampoco lo recomendamos a políticos, presidentes, presidiarios, burócratas, zabazoques, sacamicas y tinterillos amantes de zalemas y eufemismos. En definitiva, a quien no tenga capacidad para reírse de sí mismo, de su triste condición de creyente. Porque como en cualquier buena novela, todo esto es ficción, nada es cierto, sólo la terapéutica posibilidad de disfrutarla.

Brindis. Alegre testimonio. El placer compartido. El arte que enriquece. Y la foto de registro. Detrás de la foto, Elena Ospina. Mujer, compañera, amiga, artista, ilustradora, triunfadora también. Ha disfrutado y visto madurar, igualmente, la novela. Y en alguna jornada ilustró al mítico dios solar. En esta foto, desde afuera, también celebra triunfos con nosotros. El primer premio del Salón de Humor Gráfico Ciudad de Bogotá. La invitación a conmemorar, en Estambul, 30 años del Nasreddin Hodja Cartoon. Celebro con ambos, con la misma alegría, la inscripción de la tesis doctoral. Después de un largo proceso de indagación en la risa y sus matices teóricos. Brindamos por la vida y optamos por ella, por la posibilidad creadora de mundos mejores. Brindamos por los mundos posibles, creados y recreados desde el arte, que apuestan por la felicidad. No aquellos paraísos de cucaña denunciados por el filósofo Estanislao Zuleta, sino realidades factibles de ser conquistadas. Por esa felicidad constructora de sueños, brindamos desde el otoño madrileño, Van Gogh solo mira con ojos escépticos.

Carlos Alberto Villegas Uribe
Madrid, septiembre 27, 2010

domingo, 19 de septiembre de 2010

HACIÉNDOLE BARRA AL GUAJIRO DÍAZ


¡Sacude, guapero, para San Andrés y Providencia!

Mira como sopla la brisa Antillana.

El Guajiro Diaz. Así le decía de forma cómplice, tal vez porque ya sabía que la música del cubano Guillermo Portabales le sacudía el alma.




O talvez, porque la música de Fruco y sus tesos nos tendíó, con su Negro Chombo, un puente musical y cómplice afirmando una amistad que trascendíó el colegio.



José Ramón Díaz, El negro boró, como le dice Carlos Arturo Patiño Jiménez, para exaltar su espíritu boricua, real o inventado. Ramón, el compañero de pupitre, el basquetbolista, el amigo, el estudiante esforzado que se formó como odontólogo, ha sabido acunar una nostalgia huérfana que le aviva sus ojos rasgados y le pone una sonrisa triste, explicable desde su historia personal y familiar. La historia de la pérdida temprana de su mamá, que, de alguna manera, novela en El sol de los venados, Gloria Cecilia Díaz, su hermana, y sin duda una de las grandes escritoras colombianas de literatura infantil.

Moncho, como le decía Carlos Alberto Hurtado “Quinta” en las jornadas del Club Deportivo Asterix, ha sido un ser humano amable y luchador, pero callado, así lo recuerda también, desde Baltimore (USA), José Jota Arbeláez, uno de los más brillantes egresados del Colegio Robledo.

Esa calidad de luchador la conocí de primera mano en las canchas del antiguo colegio. Allí nos encontrábamos, sábados y domingos, los calarqueños que participábamos de los campeonatos regionales de Baloncesto. Entre ellos, Carlos, el negro, Díaz y los hermanos Gómez, horizontes de valentía en las canchas del Quindío.

La 21 es uno de las formas básicas del juego entre amigos en las canchas de barrio. Y -sin un compañero de apoyo que modere las demandas de velocidad y fuerza o la responsabilidad de perder la confrontación-, el 1 a 1, es la máxima expresión de amistad y la más esforzada y tenaz competencia entre amigos.

En ese 1 a 1 básico se mide la tenacidad, el valor, la voluntad de triunfar de cada uno. Cada cesta vale 2 puntos y el número impar que concluye la competencia se soluciona, se solucionaba en ese tiempo, desde el tiro certero de la bombonera.

Cuando la confrontación es reñida, el número que pone punto final al encuentro se prolonga indefinidamente. Y es allí donde la tenacidad se suma a la habilidad en el manejo del balón.

Muchas veces me enfrenté en estos duelos con Ramón y puedo asegurar que por más que se prolongaran los enfrentamientos, Ramón terminaba ganando. Su tenacidad, unida a un gancho de izquierda imposible de parar, su jugada favorita, terminaban definiendo el encuentro. Y cuando tengo la idea de haberle ganado al menos una, la certeza sobre la magnanimidad de su espíritu compasivo, me roba la alegría de cualquier posible triunfo.

En la tarea de propiciar el reencuentro de los egresados del Colegio Robledo, Fernando Noreña y yo hemos contado con el apoyo de los amigos. En estos días Carlos Arturo Patiño me dejó el teléfono de Ramón para que lo llamara. Por los afanes cotidianos del estudio aplacé el contacto. En estos días lo llamé y me atendió. El Guajiro Díaz, pregunté. Y no había perdido la memoria de la contraseña, solo que no recordaba la voz de quien hace años no lo llamaba. Sí, el Guajiro Díaz, respondió, y haciendo un esfuerzo, luchó con la memoria, como antes batallaba conmigo en las canchas, y en medio de la misma risa serena de siempre, dijo: El gordo, Carlos Villegas. Me recordaba. Y eso me alegró.

El boricua acaba de salir de una cirugía, pero se tomó el tiempo necesario para el recuerdo y la nostalgia. “Yo le cuento a mi hijo Alejandro, –y habló con orgullo del joven deportista– que yo tenía un amigo que me sacaba la piedra. Nunca llevaba un puto cuaderno y entregaba los trabajos a última hora, y siempre sacaba mejores notas que yo”. Así pude enterarme que había un terreno en que le ganaba el 1 a 1 que nunca le pude ganar en las canchas de baloncesto.

Estuvimos riendo un rato, a pesar de que no pasaba por los mejores momentos. Una prolongada diabettes crónica lo ha llevado a enfrentar una 21 definitiva. Un uno a uno con la vida que, como el hombre batallador que es, que no se rinde, terminará ganando.

Y no dudo que cada uno desde nuestra contraseña personal llenaremos la gradas para auparlo: Moncho, Boró, Guajiro, Borincano, Tú puedes, vamos que tú puedes, y veremos como triunfa otra vez con su gancho de izquierda, imposible de parar.

Así lo sueño, y así lo deseamos todos, para que podamos, otro día, sentarnos con él y con Alejandro a hablar de las tardes del Colegio. Mientras Mark Antoni repite con nosotros desde un moderno compact:

Sale loco de contento con su cargamento para la ciudad, lleva en su pensamiento todo un mundo lleno de felicidad, sí, de felicidad. Piensa remediar la situación del hogar que es toda su ilusión...

O volver a la nostalgia de Portabales para celebrar las esencias borincanas de nuestro guajiro local.