jueves, 12 de diciembre de 2013

12.784 días después.

Estoy tratando de recordar y no puedo, que los hechos se hacen irrecuperables para esta desmemoria, si fuera memoria podría recuperarlos, eh!. 
 
Lo cierto es que iniciado diciembre (escribo esto el día 4) es posible que esa inmensa mayoría de prospectos de bachilleres del colegio Robledo de Calarcá, en 1978, ya nos hubiéramos librado de la fauces y garras del proferoz, como a bien tuvo evocarlo en un comentario a este blog un no muy buen-pensante anónimo que compartió aquella experiencia.
 
También es posible que aún navegáramos en el mar de la intranquilidad a la espera del imposible, una nota, una aprobación improbable, o, peor aún, que, ahora sí, por fin estuviéramos entregados al estudio de la fatua materia (que no digo su nombre para no martirizar a la parroquia) y citados  para el patíbulo de la última prueba... habilitación que llamaban. 
 
He querido evocar estos momentos pero se me escapan, tal parece que el olvido es cómplice y nos esconde de lo que no deja un buen sabor de boca; pero tampoco logro recuperar el momento de recibir el aprobado y revivir la sensación:  Brincamos en una pata de contentos al grito de ¡hurra!, corrimos como locos falda abajo para gritarlo a todos los vientos, nos abrazamos... todo se me niega, solo alcanzo a imaginar el descanso que significó aquella nota, volver a respirar tranquilos y saber que ahora sí nos hacíamos bachilleres, misión cumplida.
 
Ahora, a treinta y cinco años luz, las cosas no es que se vean distintas, es que ya casi no se ven, de los mas de treinta compañeros de pupitre, más los otros de "B", de los profesores de entonces, las aulas y del establecimiento mismo estamos cada vez mas retirados, mas ausentes; si acaso, y hablo por mí, por alguna eventualidad cada vez más dispersa se da algún contacto; con decir que en los últimos diez años me habré visto con dos o tres y pare de contar, y por medio de este embeleco llamado blogg, he contactados con unos pocos mas, pero la gran mayoría permanecen perdidos en la distancia, pero eso sí, los recuerdo a todos tal como eran entonces, estrenando vida, radiantes en su atrevida juventud, exultantes de sueños, prestos para emprender el camino, para salir a rodar por este mundo, el de entonces, que luego ha cambiado tanto, y nosotros todos igual, igual de cambiados, haciéndole caritas a la tercera edad, muchos abuelos ya y otros no tanto...
 
De todas maneras ya son treinta y cinco vueltas montados en este globo desde aquel acontecimiento que marcó nuestras vidas, 35 trepidantes vueltas, unas mas agitadas que otras, con algunos descalabros y muchas muchísimas realizaciones, logros, metas, éxitos...
 
Volviendo la vista atrás soy consciente, o pretendo serlo, que quien vivió esos locos años de colegiante fue uno muy diferente del que hace recordación ahora, porque los recuerdos, para bien o para mal, dependen de quien recuerda y cada uno tiene su propia historia, como la vida misma que a pesar de compartida es para cada quien una experiencia única.
 
Todavía conservo la esperanza de un reencuentro, pero no atino a ponerle fecha, desde esta esquina se me hace difícil ponerme en la tarea y no soy quién para pretender que otros la hagan por mí, así que como meta sigue vigente, entre tanto seguiré navegando entre los recuerdos que cada vez se hace más tenues, más lejanos, mas inciertos.
 
NOTA: No quise dejar pasar esta fecha, 12 de diciembre, la generación del saco a cuadros iniciaba su camino y sigue su marcha.
 
 
 

martes, 26 de noviembre de 2013

Recuerdos congelados

Treinta y cinco años después, ni modo de recordar si alguna vez nos llevaron a conocer el hielo; me parece que no fue necesario, bastaba con ir a la tienda de la esquina o abrir el compartimiento superior de la una nevera -donde la había, que por esas calendas no era un adminículo que enfriase en todas las casas-.  Recuerdo que para conservar la carne debía salarse y condimentarse y así permanecía en algún rincón de la cocina  y para los helados (ese tentador hielo dulce con algún sabor a fruta o qué se yo)  bastaba disponer de una o varias monedas, escasas por cierto para nuestros bolsillos, y pedirlos al tendero de la esquina o a través de la ventana donde la señora  que los anunciaba con un avisito en la puerta de la casa HELADOS.
 
Otra forma de aproximarse a tan fría experiencia se podía vivir en la plaza de mercado o galería, como llamaban en nuestros pueblos a los centros de acopio, antes de su transformación es los super e hipermercados ahora englobados en los Centros Comerciales o Moll (tan gringo como gusta al respetable); si te dejabas caer, o te llevaban, por los lados de los expendios de pescado, ahí lo tenías, en bloques translúcidos, transparentes o no tanto, vidriosos podríamos decir, conservando los cuerpos inertes de la última subienda.
 
Pero los pedazos de hielo preferidos estaban en las neveras o congeladores, que también los habían en algunos establecimientos, eran los helados con su variedad de colores, olores, formas, tamaños y precios, claro que algunos no pasaban de ser auténticos trozos de hielo con anilina; los de maní, coco, mora, guayaba, maracuyá, tomate de árbol, salpicón o simplemente de leche... todos fueron saboreados con golosas ansias, de todos dimos cuenta en diferentes momentos, refrescaban, combatían la sed, eran una golosina mas.  Sólo dejábamos el  palito y nos quedaban las monos pegotudas por su culpa y, cuando no, hasta la lengua pelada, por abusar de su baja temperatura.  Y no faltaba la tragedia de ver caer al suelo su última parte, el último trocito de helado que nos dejaba la sensación de querer mas, nos dejaba incompletos, no saciados; solo chupándolos hasta dejar el palo limpio, quedábamos verdaderamente satisfechos, sin olvidar un última lamida a tan referido palito en el que sobrevivían los vestigios del manjar deglutido. 
 
Pero los helados no vivían en el Colegio Robledo, allí se vendían gaseosas y al clima, no las recuerdo frías, es curioso, ahora que hago memoria lo encuentro inverosímil, una tracamandada de muchachos sin helados a su disposición, pero sobrevivimos a la tragedia, nos hicimos bachilleres en ese 78 de nuestras cuitas y nos fuimos a buscar los helados a otra parte, cada uno a lo suyo.


PD:  Además de helados, nos vendían bolis o cupis, estos sí de agua pintada de colores en bolsitas plásticas de variado tamaño; sin olvidar el raspao, hielo en escarcha endulzado y pintado de colores, con algo de leche condensada por encima, ¿recuerdan la maquina con las que raspaban el hielo para obtener su particular forma trapezoidal?; por último las cremas, en cono, algo más lejanas a nuestras endebles economías, claro que el cremero del carrito las tenía a precio muy competitivo, para qué, pero no era lo mismo.  Otro embeleco de aquellos tiempos era la forcha, misteriosamente embazada en toneles blancos, digna de los más disparatados cuentos, leyendas urbanas que llaman... se me olvidaba que el ingenio popular también congelaba bananos.
 

jueves, 14 de noviembre de 2013

A la recherche

   " ...hizo bien en hablar de los "misteriosos hilos" que la vida rompe.  Pero es mas cierto aún que los teje sin cesar entre los seres, entre los acontecimientos, que entrecruza sus hilos, que los dobla para reforzar la trama, de suerte que entre el menor punto de nuestro pasado y todos los demás hay una espesa red de recuerdos que sólo nos deja la elección de las comunicaciones".-Marcel Proust, En busca del tiempo perdido - El tiempo recobrado.
 
Cien años hace hoy de la aparición del primer volumen de la obra de Proust, cien años donde sus lectores habrán encontrado un camino para recuperar ese tiempo perdido, el suyo propio,  y cada uno habrá realizado el rescate a su manera.  El espejo reposa en los mas de tres mil folios que componen la obra... tarea grande eh!, pero ¿qué son tres mil hojas frente a toda una vida? Quizás poco, tal vez demasiado; todo depende, no olvidemos, del color del cristal a través del cual se mira.
 
Y es que mirar hacia atrás, rememorar, hace parte de la vida misma, así se haga no muy conscientemente, es parte del hacer de cada quién; tal vez por ello, o para ello, hemos terminado midiendo el tiempo, poniéndole segundos, minutos, horas, días, meses, años al calendario particular de cada existencia.  Las fechas, como hitos, son mojones que delimitan las diferentes etapas por las que en el trasegar de la vida nos hemos asomado o en las que nos hemos visto atrapados.
 
Y es que la recherche, como la existencia misma, no puede ser colectiva; así como cada quien vive, mira y valora desde su muy particular punto de vista, también reconstruye esos actos del pasado en su tiempo.  Por ello no es de extrañar que al escuchar a otro narrar hechos de los cuales también hemos sido protagonistas o testigos nos sorprendan las adiciones, modificaciones u omisiones que nos llevan a dudar, afirmar o recomponer nuestra propia vivencia, activándose de esa manera la trampa de la memoria.
 
A cien años de su aparición estoy terminando de dar cuenta de la obra, ahora navego en las últimas páginas del séptimo título o volumen  "El tiempo recobrado" y estoy seguro que volverán mi ojos a sus páginas  en un futuro no muy lejano, aunque sin prisa. Y así como he dedicado tiempo durante mas de siete meses para ejecutar la lectura, me tomaré algún tiempo para volver a ella y continuar la tarea.
 
Es posible que a lo largo de las entradas que hasta ahora componen este blogg hallamos reconstruido, así sea de manera  muy superficial, episodios, rostros, personajes, acontecimientos que de una y otra forma hicieron parte de ese período de vida que compartimos y dejamos en la parte alta de la colina que servía como sede a las instalaciones del Colegio Robledo de Calarcá y del cual fuimos expulsados a la vida finalizando el año de 1978.  Todo el cúmulo de recuerdos filtrado por la desmemoria, con el sesgo, consciente o no, que cada quien arrastra por la vida, se han vertido en estas páginas virtuales que un día desaparecerán para siempre, como todo, porque lejos de la transcendencia anhelada, no somos mas que partículas de eso a lo bien canta el grupo Kansas... Polvo en el viento, dust in the wind y no por ello, dejamos de andar en busca del tiempo perdido, "a la recherche du temps perdu",  como lo testimoniara hace ya un siglo el genial Marcel Proust,
 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Calarcá y sus alcaldes populares, una historia reciente - 3

Después de la segunda, irremediablemente la tercera, que por fin hemos completado del muñequito, todo gracias a un calarqueño insigne radicado en los alrededores de la capital del Reino.
 
Una vez agotadas las webusquedas y con no poca impaciencia, pero sin desistir, hube de recurrir a las citada fuente y sin más demora que la justa recibo vía mail la información pertinente, así que los datos ya están completos, salvo error u omisión, ahora podemos reunir en un sólo bloque (o paredón) los nombres de los ilustres alcaldes elegidos mediante voto popular en los 25 años de vida que tiene este entuerto:
 
1989  Jaime Alberto Mejía Jaramillo.-  Cumplió el periodo de un año, para el resto fue designada por decreto Olga Lucia Monroy Fernández.
 
1991 Ruby García Tobón de G.-  Cumplió un año de administración; fue designado, por decreto, Jaime Gómez Botero y para culminar el mandato, fue nombrado, también por decreto, Ignacio Salgado López, quien por fin culminó el periodo.
 
1992-1994 Jaime Jaramillo Gaviria ( hasta aquí fueron períodos de dos años) 
 
Enero1995-dic 1997 Oscar Iván Sabogal  (y desde aquí tres años)
 
Enero 1998-dic 2000 Jhon Bairo Cohecha Salazar
 
Enero 2001-dic 2003 Eduardo Orozco Jaramillo
 
Enero 2004-dic 2007 Luz Marllie Alonso Gaviria  (a partir de aquí cuatro años)
 
Enero 2008-dic 2011 Carlos Enrique López Murillo
 
Enero 2012-dic 2015 Juan Carlos Giraldo Romero, suspendido de funciones desde agosto del 2013, encargado desde ese momento Julio Ernesto Ospina, ahora, desde octubre del 2013, a sido designada para cumplir el período que dure la suspensión Carolina Cárdenas Barahona.
 
Es estos nombres está representada la historia del último cuarto de siglo en Calarcá, en cuanto a administración municipal, sin olvidar que existen otros más, sí, los municipios son administrados por el alcalde de turno, pero sobre quienes recae la función  legislativa es sobre los concejos municipales, que, al parecer, una vez nombrados, poco se sabe de ellos, sesionan-cobran, que no poco y esperan hasta que llega de nuevo la campaña para perpetuarse en sus cubiles, que digo, en sus curules.  Pero no puedo, ni quiero entrar en ese berenjenal, no quiero ni imaginar lo que representa en estos momentos reconstruir los nombres de los concejales elegidos, y eso que solo estoy rescatando los nombres, que no las obras, eh!
 
Que bueno sería evaluar los resultados, quiero decir, las obras y ejecuciones de la vida administrativa municipal, con objetividad, sin sesgos para llegar al menos a conclusiones, pero eso es como pedirle peras al olmo; además, ello no es harina para este costal, este rincón esta pensado para otros menesteres y como ninguno de los que en 1978 nos hicimos bachilleres en el colegio Robledo hemos llegado a ocupar dicha posición, pues nada.
 
Ahora bien, es posible que alguno de aquellos patosos hayan formado o formen parte de la burocracia municipal o departamental, pero no a esos niveles.  Sí sé por fuentes fideciertas que uno de los nuestros ocupó en algún momento un alto cargo en el Ministerio de Salud, viceministro, pero en esas son otras ligas donde se juega a otra cosa.
 
Y ya para finalizar por hoy, como solía despedirse un fatuo presentador de noticias, allá en los años de upa, ahí le dejo ese trompo bailando en la punta de la uña, ¿Quiénes serán los próximos?  ¿Harán algo que los justifique?  ¿Cumplirán sus promesas - programas de gobierno?  ¿tendrá por fin el coronel quién que le escriba?  amanecerá y veremos.
 
A propósito, ¿Cuánto ganan el alcalde, los concejales y los secretarios de despachos varios?
 
Fuente: Historia de Calarcá relatos 1570-1970 de Ariosto Cardona, según el amigo arriba citado.
 

sábado, 26 de octubre de 2013

Calarcá, historia reciente - 2

El Alcalde de mi pueblo ¡vaya embrollo!, no estoy seguro del todo pero sí casi convencido de que ninguno de los que a bien ha elegido el pueblo soberano, han sabido cumplir con los compromisos adquiridos, quiero decir, con el programa de gobierno propuesto, en resumidas cuentas, con la sarta de promentiras que durante las respectivas campañas electorales cada quien se inventaba con el único fin de esquilmar el voto de los desprevenidos parroquianos; pero no lo puedo asegurar desde estas a alturas, o bajuras, y desde la distancia si se han realizado diagnósticos serios y objetivos que permitan establecer los índices de cumplimiento, será mejor decir de incumplimiento, de los respectivos personajes investidos para tan alta dignidad.  Y las cosas no parecen que vayan a mejor, para muestra el botón que suspendido de funciones adorna a la administración territorial actual; como comentaban en el M.D. del Espectador en mis años mozos, "Dan ganas de llorar" o, mejor, como solía testimoniar don Gonzalo Gutiérrez ante el esplendor del alumnado "Eso no da ni rabia, muchachos...".
 
Pero volviendo al tema, o mejor continuando, argucias más, argucias menos, con un poco de allá y otro poco de acá, esquilmando diferentes fuentes se fue armando el asunto, primeros indicios, un alcalde que lloraba compungido ante el Presidente de la República, cual plañidera en velorio; un ahora columnista de periódico local, con visos de desmemoria; un pastor, pero no propiamente de ovejas; una fémina de no muy común nombre.  Así avanzaba el cuento, pero ¿estaban todos los que fueron?, no, algo seguía faltando.
 
Para tratar de enderezar el entuerto mejor recurrir a la cronometría, a los períodos de los alcaldes, empezando por el último:  Juan Carlos Giraldo Romero (2012 - 2016) demasiado tiempo, eh; Carlos Enrique López Murillo (2008 - 2011), Luz Marllie Alonso Gaviria (2004 - 2007) y paré la cuenta, me faltaban los datos de los demás períodos, porque desde que en 1988 empezó esta historia, que inicialmente era para dos años por mandato y que pasó a tres  (¿con la constitución del 91?) terminó con cuatro a partir del 2004 (según la Registraduría Nacional del Estado Civil), para que no me vengan con cuentos.  Veinticinco años, que dan para nueve períodos, nueve tragedias, nueve infortunios, nueve elecciones y nueve equivocaciones...
 
Entre tanto, tengo aún entre el tintero otros tres nombres, Oscar Iván Sabogal Vallejo, que si la memoria no me engaña fue el primero de los primeros, también tengo a Eduardo Orozco Jaramillo y el llorante John Bayron Cohecha  Salazar, pero siguen faltando nombres, tres por lo menos, así que continuaremos...
 
A propósito de números, ¿Cuántas remodelaciones de la Plaza de Bolívar a sufrido Calarcá en estos 25 años de democracia participativa?  Y una para revisión, pero sin fuente posibles, ¿Estaban dichas remodelaciones dentro de los promentiras electoreras respectivas?.
 
A todo esto y sin perder el hilo de este rincón, ¿Qué diablos tendrán que ver los bachilleres del Colegio Robledo, de 1978 en esta refriega?.
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Calarcá, historia reciente - 1

Tengo como ejercicio de memoria, que ya es decir, y no tanto por lo de ejercicio, rescatar de los archivos del olvido nombres, fechas y alguna virguería mas... cuando el ocio ataca de frente suelo defenderme practicando mentalmente las tablas de multiplicar y suelo llegar hasta la del 24, que la del 25 no tiene mucha gracia, y sin saltarme ningún número, eh; debo aclarar eso sí, que comienzo por la del 13, que las anteriores no me apasionan, como tampoco gusto de hacer trampa, a uno mismo no tiene gracia.
 
En esas andaba  días atrás, un par de semanas quizás, y me propuse recuperar los nombre de los presidentes de la República de Colombia desde 1930 hasta nuestros Santos días, que tampoco es que pretendiera empezar con Bolívar, tampoco, como si no hubiera nada mas que hacer; desde la caída de los conservadores, con eso tenía suficiente para el momento. Debo aclarar que no recurrí a la wiki ni nada por el estilo, tampoco disponía de enciclopedia ni tenía a mano la historia de Colombia ni el catecismo del padre Astete.  Entrado en tareas llegué a una encrucijada de desmemoria, no lograba recordar el elegido en 1946, por lo que,  ahora sí, recurrí a la ciberchuleta, descubriendo que además del olvido había una e-rrata, roedor muy en boga.  Por error había puesto el nombre del personaje buscado en el año de 1962, así que el personaje que faltaba en la lista era otro y no éste.  Terminé el ejercicio ubicando a Don Mariano Ospina P. en su funesto cuatrienio que va del año 46 al 50 y rescatando al segundo presidente del Frente Nacional, don Guillermo León Valencia. 
 
Quiero añadir que aproveche la ocasión para recuperar otros nombres, como los de los dos personajes que terminaron el segundo período presidencial de Alfonso López Pumarejo, Darío Echandía y Alberto Lleras Camargo, lo mismo que el del personaje que hizo la transición entre el interrumpido mandato del nunca bien recordado Laureano Gómez, y el no-golpe de estado de don Gustavo Rojas Pinilla, general de la república, por cierto, don Roberto Urdaneta.  Y ahora no me vengan a preguntar por los nombres de los miembros de la Junta Militar, que no, que el memorioso se apellidaba Funes, no Noreña.
 
Una vez completado el ejercicio, y como el tiempo daba para más, traté de recuperar los nombres de los alcaldes de Calarcá elegidos por voto popular... vaya problema, que no me quedan registros, de pronto algún apellido, nombre o remoquete, pero nada concreto, así que me dije, en la web o nada, y nada, escasamente aparece el nombre del último, nada más, la alcaldía de Calarcá no tiene historia, solo hay un alcalde y es el del momento (pero ni eso, bien sabemos los calarqueños en qué pastos anda el personaje aquel).

martes, 8 de octubre de 2013

Palabras prestadas, o mejor, robadas

La Química debería estar prohibida

Una mañana te levantas y miras atrás. Y, sin poder evitarlo, haces balance. Han transcurrido en esa vida que has ido construyendo (como has podido, no siempre como has querido) los años suficientes para poder sopesar lo que ha estado bien, lo que ha sido regular. Miras a tu familia, a tu pareja o tu carrera laboral y contemplas el camino recorrido. Ese acto de evaluación es duro porque te obliga a reconocer todo aquello que no has logrado, lo que alguna vez soñaste y la vida se ha empeñado en no darte. Quizá fue una cuestión de suerte o tal vez se debió a una serie de elecciones. O sencillamente no lo mereciste. Porque no eras tan bueno en tu oficio como creías, porque no estuviste a la altura de las circunstancias, porque no supiste jugar tus cartas. Quién sabe.

A Walter White un cáncer (un maldito cáncer) le pone en esa tesitura a los 50 años, una edad razonable para girar la vista y calibrar qué tal ha ido. Una edad en la que eres lo suficientemente mayor como para ser capaz de valorar en qué te has convertido y cuánto se parece o no a lo que tú habías deseado. Ya digo que, en este tipo de coyunturas, lo normal es sentirse algo frustrado porque lo común es que no hayas alcanzado lo que te propusiste. White mira a un lado y a otro y comprueba que no tiene dinero para cambiar el calentador de agua, que su jefe lo explota, que su cuñado se burla por lo poco que le han servido los conocimientos que se ha labrado. “Tienes un cerebro enorme, pero no te lo echaremos en cara”, le espeta su cuñado, agente de la DEA, un patán que, sin embargo, a su alrededor y entre sus allegados simboliza el éxito.

El ser humano tiende a engañarse. La mentira es un mecanismo de defensa estupendo a veces. Nos sienta fenomenal soltar algunas del tipo “aún estoy a tiempo”, “todavía me puede pasar”, “me voy a proponer hacerlo”. Son pequeños embustes piadosos que nos regalamos a nosotros mismos para no verlo todo negro, para no sumirnos en el lamento. Funcionan como elementos para conciliar el sueño esa noche y para relajarnos a corto plazo.
Pero, ¿qué pasa cuando el plazo se acaba? Cuando te dan una fecha de caducidad y tú te percatas de que no vas a tener tiempo de que te sucedan más cosas, de dar giros o de contarte nuevas mentiras. Te rindes, o arriesgas y te lanzas.

Las decisiones que tomamos con presión y celeridad no suelen ser buenas. Pero, reconozcámoslo, hay decisiones que o las tomas así o no las tomas. Porque empiezas a ponderar los peros y riesgos, a achicarte, a marear tu cabeza y, al final, no das el paso. Ves la línea pero no la cruzas. Llegas hasta ella pero retrocedes.

...

Tomado de:  El Síndrome de Darrín, por Miquel Labastida.  En Las Provincias del 08-10-2013.