sábado, 28 de febrero de 2009

JUSTIFICACIONES

O disculpas, da igual. No quise terminar este segundo mes sin hacer la segunda entrada en este irregular blog, cadapuedario que se resiste al abandono total. Pero el tema no afloraba, mejor, no aflora -en presente del indicativo y de todos los tiempos verbales habidos y por haber. Mientras La Consagración de la Primavera de Stravinski invade el espacio de la casa, y Revel (Jean-Francois) me mira insistentemente desde la carátula de sus Memorias- El ladrón de la casa vacía, como si reclamara la continuidad de su lectura, yo sigo patinando sobre el teclado tratando de sacar algo descente, o al menos leíble.
Pero volviendo al título, la verdad es que desde finales de noviembre volví a ajuiciarme con la lectura, que la tuve abandonada durante casi todo el año, basta decir que entre marzo y octubre no leí ningún libro, apate de revistas, periódicos o artículos sueltos en la WEB, nada de nada. El trabajo y su dispar horarío servían de barrera; pero en noviembre pude hacerme con la última parte de la trilogía de Javier Marías TU ROSTRO MAÑANA - Veneno, Sombra y Adios , cuyas dos primeras entregas había leído por allá entre septiembre y octubre 2005, así que el hambre no era poca, por lo que a devorarlo me dediqué, una vez terminado éste, me esperaba Almudena Grandes con EL CORAZÓN HELADO, una historia de la Guerra Civil Española, y entonces se me atravesó Peter Watson con IDEAS -Historia Intelectual de la Humanidad. Así que entre los tres se me fueron los ratos libres de los últimos tres meses y como podrán haber deducido ahora me arrastran las Memorias de Revel.
Cambio de Tercio, ahora suena El Pájaro de Fuego, del mismo autor; las lecturas siguen absorbiendo en gran parte el poco tiempo libre del que dispongo, entenderán entonces lo esporádico de las blogueaciones, Ahora bien, que no sólo los escritos, la otra verdad es que no he evolucionado en nuevos contactos con los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá, de 1978, objetivo último de este espacio; ya encontraré una salida al meollo.
Por último, y no pretendo seguir justificándome, pero deben comprender que ahora llega marzo, y con él Las Fallas. Así que la ciudad de Valencia se viste de fiesta, las actividades van desde el día uno y se extienden hasta el 19, cuyos actos centrales se concentran en los últimos cuatro o cinco días. Y para completar, Carlos Alberto Villegas Uribe, que estudía ahora en Madríd, hizo reservaciones para esos días en el cuarto de huéspedes de mi casa; Así que no se extrañen por el silencio que pueda presentarse.
Ya les contaré de qué van las Fallas.

domingo, 1 de febrero de 2009

De recuerdos y olvidos

Se ha pasado el primer mes del nuevo nueve y pareciera que todo sigue en movimiento, con excepción de este blog; ya Obama duerme en la Casa Blanca, los irakíes asisten a las urnas, y los dinosaurios de las selvas colombianas se disponen a devolver a la sociedad a algunos de sus rehenes, y del blog, nada. Si hasta los estudientes regresaron a las aulas -no sé si a estudiar, pero han regresado-, pero el Blog. . . inmóvil.

Claro que todo tiene su límite, así que lo volvemos a sacar del ostracismo al que estaba confinado para reiniciar actividades, y qué mejor para empezar que con un lector que se reporta:

Me escribe Carlos Mario Vargas A. (Si, el otro arrancayucas de La Bella) para hacernos saber que también él visita este espacio; en sus propias palabras "que yo sigo "al lado del cañon", pero, lease correctamente", bien al lado del cañon, ni tiros de salva disparo".

Es gratificante saber que nos leen, es más, en el contador que instalamos podemos apreciar la afluencia de anónimos visitantes, con sus ubicación geográfica Colombia y España los más , seguidos de Estados Unidos, Argentina, México, Ecuador, Francia, Reino Unido, Canadá, Perú. . . Y surge entonces la pregunta ¿Quiénes serán? A lo que nunca podríamos contestar, a menos que, como lo hizo Carlos Mario, nos lo hiceran saber. Pero quizás sea demasiado pedir, lo cierto es que hay visitantes, que no escribimos en vano, y como el optimismo nos supera, creemos que algunos de estos leyentes son habituales. ¡Vaya si soñamos!.


Qué hacían los bachilleres de Colegio Robledo de Calarcá, graduados en 1978, a principios del 1979?


Algunos se fueron al Servicio Militar, otros ingresaron a la Universidad, otros continuaron midiendo las calles del pueblo y otros más se fueron en busca de oportunidades. Pero lo que me gustaría precisar es el destino cierto de cada uno de ellos, Quiénes al Servicio Miliar? Que yo sepa Camilo Augusto Sánchez H., Carlos Alberto Hurtado y Jorge Fernando Laverde Q.


Y los demás? El tema da para mucho rato, y no hay prisa.


lunes, 19 de enero de 2009

Otros disfraces

En el primer fin de semana de este nueve que avanza, encontré en El País un escrito más que pertinente para este rincón y como la tentación persiste después de dos semanas, me dejo arrastrar por ella: así que ahí les queda, para que se antojen -o se espanten-.
Un abrazo, y los mejores deseos.
Disfrazados de mayores

JAVIER MARÍAS 04/01/2009

Como a cualquiera en las mismas circunstancias, la reunión me hacía ilusión y me daba miedo, luego me puso nervioso. En 1968 acabé el preuniversitario y salí del colegio Estudio, en el que había permanecido desde los cuatro años. Hace una semana, a instancias de uno de los pocos compañeros con los que mantengo amistad, José Manuel Vidal, que además es mi cardiólogo desde hace un decenio, unos cuarenta miembros de aquella promoción fuimos a su casa y nos vimos las caras, en algún caso por primera vez en cuarenta años. Mercedes Cabrera, la Ministra de Educación, y yo teníamos la ventaja de que esa cara se nos ve en la prensa de vez en cuando y era difícil que le diéramos un susto a nadie. Da temor encontrarse con cincuenta y siete años a quienes dejamos de ver con dieciséis o diecisiete. De hecho dudaba que fuera aconsejable. A algunos los había vuelto a ver hacía veinte, con motivo de una reunión similar, pero eso es también mucho.

Fue muy agradable y divertido, y, tras unos segundos de desconcierto, todo el mundo resultó reconocible. Había que hacer una corrección de enfoque, acoplar la cara infantil o juvenil que uno guardaba en la memoria a la del hombre o la mujer maduros que tenía ahora uno enfrente. A los pocos minutos, en el peor de los casos, se obraba una superposición y, por así decir, uno conseguía "encajar" las dos imágenes, la del pasado remoto y la del presente, sin que ésta borrara aquélla del todo ni aquélla desmintiera del todo a ésta. Nadie preguntaba mucho por la vida actual de cada cual, más allá del "Qué tal te va" impuesto por la educación. Esa vida actual en realidad no interesaba, a ninguno nos importaba saber a qué se dedicaba el otro, si tenía hijos, mujer o marido, porque en seguida se congeló el tiempo y empezamos a tener la sensación de que la vida verdadera era aquella, la de estar todos juntos sin profesión ni ataduras, en la vaga y eternizada expectativa de la infancia, y de que cuanto había ocurrido y venido después de separarnos era accidental y secundario, una especie de desviación de lo natural, o de error, o acaso un larguísimo sueño que tocaba a su fin al reencontrarnos aquella noche, como si pensáramos: "Este es mi lugar. Estos son mis compañeros primeros, con los que eché a andar por el mundo y con los que conviví a diario durante trece años fundamentales; aquí están las primeras chicas que me gustaron, mis primeros enemigos con los que me pegué en el patio para luego hacer siempre las paces; aquí están mis primeros amigos a los que procuré ser leal, aquí mi primera representación del mundo, en la que aprendí ya casi todo".

Era curioso ver y sentir el afecto espontáneo con que nos tratábamos todos (hasta los que no nos caíamos muy bien en el colegio), con una natural tendencia a abrazarnos, a pasar una mano cariñosa por el brazo, a que las mujeres, cuando la noche ya estuvo avanzada y tomamos asiento, apoyaran sus cabezas cansadas en los hombros de los hombres en quienes confiaban, como si fuéramos hermanos. Allí nadie podía ser un farsante, y no había ministra ni escritor que valieran, ni médico, arquitecto, abogado, ingeniero, periodista o psiquiatra. Nadie era nada más que el que siempre fue en clase. "Ellos me conocen bien", pensé, "nunca podría engañarlos: todos sabemos cómo es cada uno, aquí no cabe ningún fingimiento". Oh, y me sentí tan cómodo, tan a salvo y tan a resguardo.

. . .

Preferí no quedarme hasta el final. No quería irme cuando ya no hubiera más remedio y por ende sentirme "expulsado" de la verdadera vida, de la más auténtica, de aquella en la que no hay disimulos y todo es diáfano. Me rondaban dos pensamientos contradictorios, o eran sentimientos: por un lado, "Si siguiéramos aquí un día tras otro, sería una pesadilla". Por otro, y era más fuerte, "Que no se acabe, por favor, que no se acabe esto". Por eso me fui, cuando aún quedaban muchos y muy animados. Para acabar yo la experiencia feérica, de abolición o más bien compresión del tiempo, y que no fuera otro quien me la terminara, ni siquiera el anfitrión delicado y generoso. Porque, como dijo alguien, volvimos a ser nosotros, sólo que disfrazados de mayores. Nuestros muchos años, nuestras profesiones y fracasos o logros, nuestras mujeres o maridos e hijos, pasaron a no ser más que eso, disfraces que se ponen los niños.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

El último día

Que no es el tantas veces anunciado y nunca cumplido, no, de apocalíptico nada, ni un céntimo.
Sólo me refiero a la fecha, según el convencionalismo que terminó imponiéndose en el mundo occidental. 31 de diciembre, fin de año, nochevieja como la llaman por estas tierras de quijotes y sanchos, la mítica y comercializada -como todo en este mundo- noche en la que por arte magia completamos, una vez más, la vuelta que este globo de locos da al rededor del sol sin deternerse ni cambiar de rumbo, !y que ni se le vaya a ocurrir hacerlo¡.
Y así como termina el año, también termina la cuenta del trigésimo aniversario que hemos venido haciendo para los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá, del año 1978.
Sí, ahora que cerramos este primer ciclo, y dado que la tarea no se ha cumplido aún, no queda otro remedio que continuar, seguir dando la lata, insistiendo, agotando recursos, intentando de nuevo, hasta amenazando; porque el propósito inicial, de contactar con la mayor cantidad de egresados sigue en pie y lo seguirá estando. No claudico, no me rajo ni me doy por vencido.
Así que en el 2009 seguiremos (a menos que Google nos lo impida) intentando atraer hacia este pequeño rincón a los que en alguna ocasión compartimos pupitres, o sillas y hasta clases, en los salones de la arenosa colina donde funcionaba el Colegio Robledo en los setentas.
A pesar del silencio de los lectores, porque ni mudos que fueran; nada dicen, no dan señales de vida, el mutismo los invade y los gobierna; digo, a pesar de ello, aca seguiré palabreando recuedos, que no son muchos, mientras poco a poco vamos difundiendo este entuerto y vinculando, al menos como lectores esporádicos, a los tan recelosos convocados.
Un Feliz 2009 para todos.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Y la graduación?



Mañana. Sí, de acuerdo con los restos de memoria que me quedan, el martes doce (12) de diciembre de mil novecientos setenta y ocho (1978), recibimos el grado de bachilleres en el Colegio Robledo de Calarcá, Quindío, Colombia.

Consultando el calendario correspondiente me doy cuenta que fue un martes, cosa que no recordaba, en absoluto. Un dia raro para tan magno acontecimiento (se nota cómo nos querían en el Colegio, tanto, que no pudieron esperar al fin de semana para el detallito; se deshicieron de semejante tracamandada lo antes posible).

Qué cómo fue señora...?

Vaya, que la memoria no da para tanto. Quién me entregó el "cartón"? me imagino que alguno de los profesores, porque por arte de magia no iba a caer en mis manos; pero quién? La verdad es que ni las fotografías de esa noche pude rescatar. Es más, nunca me fueron entregadas. No conservo imágenes del acto, ninguna, ni propias ni de compañero alguno. Así que ni modo, sin ayuditas de esas la memoria deja de funcionar, no me culpen.

Claro que los memoriosos no faltarán, y algunos recondarán cada detalle de la fecha y del acto. Si nos los quieren compartir, acá esta el espacio para ello, no deje pasar la oportunidad, aproveche este momento, llame ahora (nuestras operadoras lo estarán esperando) que digo llamar, escriba ahora, camparta lo que tanto se guarda. No lo deje sólo para sus nietos.

lo único que me queda de aquella noche es de diploma, que les comparto en el encabezado de la nota.

lunes, 1 de diciembre de 2008

BACHILLERES

Por fin. Al cabo de once años, o más, habíamos terminado este ciclo de nuestras vidas. Y como no hay vuelta de hoja y la vida sigue, pues a tomar decisiones: Pagar el Servicio Militar -que yo recuerde, lo hicieron Jorge Fernando Laverde Q., Camilo Augusto Sánchez H. y Carlos Alberto Hurtado (el famosísimo Quinta), para otros, continuar estudiando, buscar trabajo, o dedicarse a vivir la vida, cada uno tomó su camino.
Treinta años después. . .

domingo, 16 de noviembre de 2008

Una Imagen


Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras. En consecuencia, debería dejar esta entrada sin palabras, pero me resisto, como siempre, los dedos no se contienen ante el teclado y algo han de dejar impreso, no hay remedio.

Pasados estos seis lustros, tres décadas, treinta años ó trescientos sesenta meses, que cada quien mida el tiempo a su acomodo; la estructura física de lo que en nuestros tiempos fuera el Colegio Robledo, sigue ahí, como tambien lo hace el "Pascual Polvero" que no es ningura estructura física, no pasa de ser el mismo tierrero medianamente plano, con dos arcos y alguna demarcación para delimitar el campo de juego. A propósito, ¿Desde hace cuánto tiempo los calarqueños juegan al balonpié en esta cancha?

La imágen nos presenta una vista actual de la sede que el Colegio Robledo de Calarcá ocupara hasta no sé bien que año (principios de los ochenta), así que no corresponde con la que nos acompañó diariamente en aquellos años, y nosotros, los de estonces, ya no somos los mismos, como dijo el poeta. Algo ha cambiado, allí y acá, y si no quiere creerlo, haga una prueba, querido contertulio ex-robledista del 78, mírese en un espejo o desempolve las fotos del recuerdo y cuelgue una en este espacio, para que sigamos recordando los tiempos que se fueron.
NOTA AL MARGEN: La fotografía es de Ricardo Noreña