lunes, 18 de mayo de 2009

Merio Benedetti



A TIENTAS

Se retrocede con seguridad

pero se avanza a tientas

uno adelanta manos como un ciego

ciego imprudente por añadidura

pero lo absurdo es que no es ciego

y distingue el relámpago la lluvia

los rostros insepultos la ceniza

la sonrisa del necio las afrentas

un barrunto de pena en el espejo

la baranda oxidada con sus pájaros

la opaca incertidumbre de los otros

enfrentada a la propia incertidumbre

se avanza a tientas / lentamente

por lo común a contramano

de los convictos y confesos

en búsqueda tal vez

de amores residuales

que sirvan de consuelo y recompensa

o iluminen un pozo de nostalgias

se avanza a tientas/ vacilante

no importan la distancia ni el horario

ni que el futuro sea una vislumbre

o una pasión deshabitada

a tientas hasta que una noche

se queda uno sin cómplices ni tacto

y a ciegas otra vez y para siempre

se introduce en un túnel o destino

que no se sabe dónde acaba.

NOTA No sé si pueda establecerse una relación directa, o al menos tangencial, entre el escritor, que acaba de dejarnos y los egresados como Bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá en 1978. Pero no pude evitar, a manera de imperceptible homenaje, publicar su fotografía y uno de sus tantos poemas...

jueves, 30 de abril de 2009

Abril se va. . .se fue

Como cada año, una vez cumple los treinta, nos deja, puntualito, no falla.

Y con abril se va el frio, al menos por este litoral mediterráneo español, ya la primavera toma forma y el calorcito se deja sentir, adios cobijas, mantas, abrigos, chaquetas y demás, ya casi es hora de la pantaloneta y las chanclas (para la playa, que me queda a 10 minutos en tranvía -y no es que pretenda despetar envidias, no, qué va; no va conmigo).

Así que bienvenido el buen tiempo, que es como solemos llamarle cuando la lluvia no es frecuente y el frío no nos acompaña.

Cómo cambian las cosas, hace treinta años los paseos acuáticos de los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá no pasaban del rio Santodomingo y, como mucho del Rio Quindío. No sé quiénes tendrían la fortuna de aventurarse por La Albania, que implicaba a más del transporte, el pago de la entrada.

Y como nuestra naturaleza era, y sigue siendo, algo silvestre, pues teníamos nuestros sitios de escape: El Morro y el cerro del Castillo, Peñas Blancas, los chorros de San Rafael. Además, en las Vueltas a Colombia no faltaba la asfáltica subida de La Línea -esto es un decir, los que llegaban hasta allí no sé quiénes serían; yo, cuando mucho, hasta la Divisa o hasta el Hoyo y algunas veces sólo hasta la virgen blanca-.

Cómo pasa el tiempo (que aún no pesa, eh), y como nos cambia la vida o será mejor decir, cómo cambiamos con ella. Nostalgias, morriñas, saudades, añoranzas. . . llámenlas como quieran, están ahí, son parte de nuestra historia, que es la vida misma.

miércoles, 15 de abril de 2009

Robledistas

Según puede leerse en una edición de la revista El Robledista, de 1967, sobre el colegio Robledo de Calarcá: "Su fundación se inició en 1928 como escuela de Comercio, y en 1932 pasó a ser Bachillerato... Su aprobación le fue concedida por la resolución No. 3142 de noviembre 14 de 1952."

"Su nombre actual de ROBLEDO se debe a que la Asamblea de Caldas, al hacer la departamentalización del establecimiento quiso hacer un homenaje al Dr. Emilio Robledo Uribe, gran benefactor de la educación caldense."

Estos datos me llevaron a las siguientes cabilaciones:

- Uno pasaba por el Colegio sin darse apenas cuenta de la institución donde estudiaba. ¿Quién, de los egresados en 1978, se dió por enterado que en ese año se cumplían los primeros cincuenta años de vida de la instutución que nos concedería el título de bachilleres? Ninguno, y casi puedo afirmar que los profesores y directivos también lo pasaron por alto, o se lo guardaron muy bien guardado, o lo celebraron a puerta cerrada, vaya uno a saber.

- Ahora bien, que el nombre del Robledo no era un homenaje al conquistador espàñol que por estas tierras había dejado sus huellas quinientos años atrás, tampoco era algo que se mencionara, por lo menos yo no llegué a escucharlo.

- La vida institucional se circunscribía básicamente a las matrícula anual, las clases con sus evaluaciones y las reuniones de padre de familia, con entrega de calificaciones incluida -y las vacaciones y los paros o huelgas de profesores y alumnos- poco más; la semana de la cultura, y alguna publicación fruto de la iniciativa de los alumnos, como lo fue el peródico JUVENTUD en 1978, lo mismo que la revista Eco Robledista de 1972, de la que poseo un desbaratado ejemplar del numero 1 de septiembre y El Robledista de 1967, del que conservo un ejemplar parcial (a partir de la página 23) y bastante maltrecho.

- No recuerdo haber hecho una formación durante los dos últimos años de estudio, y sé que en los cuatro anteriores si se realizaron formaciones fueron casos excepcionales. Izadas de bandera? Nunca, jamás de los jamases, recuerdo que el asta si vivia por ahí, pero de su uso no guardo memoria. . . y creo que él tampoco, tan huérfano de bandera.

Hubo una ocasión, histórica por cierto y la única que recerdo, en la que el Señor Rector, don Bernardo Ruiz S. hizo acto de presencia frente a toda la institución. El año no lo preciso, pero el acontecimiento sí, marchabamos los estuantes cerro abajo, por el caminito pavimentado que conduce al pueblo, entonando gritos de protesta, llenos de arrebato y enardecidos por el espíritu de lucha que tanto no descaracterizaba por aquellas calendas; y ya al final del camino, en las inmediaciones del ìnmortal Pacual Polvero (la cancha de futbol, para los de memoria fina) se nos apareció el rector, colocándose con toda su humanidad en medio del camino; ¿qué dijo?, ¿a que nos retó? ¿impartió alguna orden? No lo recuerdo, pero lo que si es cierto es que todos los estudiantes haciendo eco de su fuerza y vigor, dimos media vuelta y volvimos a las instalaciones del Colegio.

¿Qué pasó realmente aquel día? ahí les dejo ese trompo bailando en la punta de la uña.

viernes, 3 de abril de 2009

Santa?, semana.

Entrados en abril, y con la primavera a "flor de piel" -hay que ver lo arrozudos que se ponen los alergicos al polen por estos días entre estornudo y estornudo- nos preparamos para otra de las citas anuales de nuestra cultura: La semana santa.

Por estas fechas, en el año 1978, ya había pasado la vacacional semana, la disfrutamos en la tercera semana de marzo. Así que la espera para las vacaciones de junio, Fiestas de Calarcá incluidas, debió hacérsenos demasiado larga, abril, mayo y más de la mitad de junio; dos meses y medio de clases ininterrumpidas, eso era mucho para el cuerpo, y lo sigue siendo. Sería por estas fechas que en un arrebato de conciencia pedagógica iniciamos las campaña para pintar el tablero? no lo sé, la memoria no me da para tanto.

Lo cierto del caso es que la semana santa la vivíamos fuera del Colegio, sin actividades programadas, cada cual en lo suyo y que siga la vida.

Imagino que algunos de los futuros Bachilleres del Colegio Robledo de ese 1978, asistirían a los actos programados por las parroquias, misas, sermones, liturgias, pasada por el confesionario y hasta comunión; también verían la pasión de Cristo en el teatro Yarí o en el teatro Quindío y algúna pelicula romana, tan de la época. Y claro, vigilia de carnes rojas jueves y viernes, a punta de pescado y huevos. Pero me late que fueron los menos; y no se diga de ayunar, actividad en esos tiempos ya bastante olvidada. Quiénes eran los píos? Por los impios ni preguntar: Amplia mayoría.

Claro que al día de hoy . . . mejor me callo para no ir a pisar cayos y menos meter las de caminar, que el mundo da muchas vueltas . . .

domingo, 22 de marzo de 2009

FALLAS?

Lo mas probable es que la respuesta sea afirmativa y sin atenuantes: Fallas.

Porque en Valencia, el final del invierno lo marcan las Fallas; como ya lo comentaba mi amigo PTT -a quien acabo de sufrir por casi tres días- él y su consorte se hicieron partícipes de las actividades que dan la bienvenida a la primavera en esta ciudad a orillas del Mediterráneo.

Fuegos artificiales, para deleite de la vista y tormento de los oídos finos, en la plaza del ayuntamiento se alcanzan los 120 Db. pasadas las 14 horas todos los días entre el 1 y el 19 de marzo con la cotidiana mazcletá, y entre el 15 y el 19 a la media noche en las inmediaciones de la avenida de la Alameda con los castillos. Gastonomía, con paellas por todos los rincones, así como los churros (con chocolate) y los buñuelos de calabaza. Música: bandas y bandas y más bandas de músicos que acompasan desfiles y demás actividades que realizan las casi cuatrocientas comisiones falleras, regadas por toda la ciudad, y claro cada comisión tiene su falla y sus falleras y falleros, que engalanados con trajes típicos se echan a las calles para hacer y vivir la fiesta.

Pero, qué son las Fallas: para hacerse una idea remítase a las imágenes de la entrada anterior, donde puede verse una toma general de la falla de la Plaza del Ayuntamiento (segunda foto), y un detalle gatuno del alguna de tantas fallas (septima foto).

Pero nada de esto vendría a cuento en este Blog, si no fuera porque uno de los bachilles de 1978 del Colegio Robledo de Calarcá, le dio este año por dejarse caer desde Madrid para ser testigo, en vivo y en directo, de una de las actividades festivas más representativas y de mayor reconocimiento en Europa: La Fallas de Valencia.

Hace dos años otro de los bachilleres de la misma promoción se dejó cautivar por la consabida fiesta fallera: El presbítero Camilo Augusto Sánchez H. y que me consta. Así que ya somos tres.

sábado, 21 de marzo de 2009

EL ROBLEDO ESTUVO DE FALLAS EN VALENCIA

Por: Carlos Alberto Villegas Uribe

Los amigos son los hermanos que uno elige, los profesores son unos padres prestados. Innumerables son los hermanos que he escogido a lo largo de mi existencia y muchos los padres prestados que recuerdo con especial cariño. Particularmente aquellos que compartieron y me padecieron en mi adolescencia. Y aún me siguen padeciendo. A diferencia de unos pocos amigos y profesores en la universidad y otros en el desempeño profesional, los amigos del colegio son quienes siguen presentes con mayor intensidad en la suma de afectos.

Qué iba a imaginar don Anibal, el profesor de Física, que ese niño juicioso, sin duda el mejor estudiante que tuvo el Colegio Robledo en todos sus tiempos, a quien hizo llorar dándole la infundada noticia de haber perdido una nota bimestral, llegaría a ser viceministro de salud y profesor reconocido en una Universidad Norteamericana. Jotica lo llamábamos con cariño, a pesar de los aguijonazos de El Alacrán. El profesor José Jota Arbelaez, le llaman ahora con respeto en la ciudad de Maryland, en Baltimore, Estados Unidos.

Y qué se iba a imaginar don Gonzalo Guitérrez que el chico melenudo que repetía las canciones de Sandro y de Fausto, estaba haciendo, en causa propia, su primera defensa en una larga trayectoria de abogado, cuando le acusó de confundir, como si fuera un mal pedagogo, la disciplina con la conducta. Quienes saben de qué hablo no tardarán en descubrir el nombre de Fernando Londoño Daza en esta mención.

Como tampoco imaginó, sin duda, don Édison Cabal, profesor de biología, que el desgarbado hijo del veterinario Rutherford, a quien le enseñaba los prolijos nombres de los huesos y músculos del cuerpo humano, el esternocleidomastoideo incluido, se convertiría en un sacerdote que sería miembro del CELAM y lideraría en el Principado de Andorra una causa por los jóvenes misioneros. Me refiero sin duda al obispable Camilo Augusto Sánchez Herrera.

Y mucho menos era previsible que el “monito” cansón que “daba lora” en una monareta, vestía estrambóticas bermudas, tenis Croydon reencauchados, camisetas de esqueleto; e impulsaba grupos juveniles en la parroquia del Padre López, terminaría estudiando en la Universidad Complutense de Madrid, con un tema inimaginable en esos tiempos: la risa como construcción de cultura. En este caso no escribiré el nombre por imputable, hostigante y reconocida “inmodestia”

Hermanos elegidos y padres prestados con futuros imprevisibles que no recuerdo ahora con prolijidad para no fatigar al lector del blog. Pero que sobreviven en los afectos como el admirable y genial arrancayucas de la Bella, Carlos Mario Vargas, y el jugador más liso de baloncesto quindiano, Luis Fernando Marín, quienes construyen calles cotidianas en las tierras estadounidenses.

Seres humanos de tiempos compartidos de quienes hablamos con el que llegó a ser en Colombia uno de los más destacados auditores de la Caja Social de Ahorros y quien ahora presta sus servicios en Valencia, con el mismo profesionalismo y el exigente ejercicio de las cosas bien hechas: Luis Fernando Noreña. Es posible que Elmer Marín, en ese tiempo profesor de inglés en el Colegio Jorge Robledo, no adivinara en la forma metódica de doblar el periódico la voluntad de auditor que ya poseía el nieto del inolvidable Manuelito Gamboa.

Las fiestas falleras y la puesta en valor de la risa como constructora de sociedad y ser humano, fueron la excusa perfecta para el reencuentro con este calarqueño robledista, quien desde la ciudad del Marqués de Dos Aguas lidera este blog y extiende sentidos, razones en muy lejanas esquinas. No olvidaremos que aquí, en España, Sandra, la mujer de sus afanes, nos devolvió un poco de Colombia en unas arepas con queso y chocolate, como hacía mucho tiempo no disfrutábamos; y la nostalgia, extraño pasto de las emociones, volvió a crecer desde las raíces.



Y quién es la mujer que se encartó con el “gordito cansón” y que sale en las fotos? Se llama Elena Ospina y es una de las mejores caricatógrafas latinoamericanas. Y no digo más porque me tildarán de vanidoso. Y no se equivocan. Me siento orgulloso de los amigos, esos hermanos elegidos, de mis profesores, esos padres prestados en toda la dimensión de su humanidad, de mi compañera de viaje, y de mi hija, quien habitó esa ciudad mediterránea y ahora inicia su carrera profesional con buenos augurios.

Para aquellos que quieran otros pormenores gráficos de ese encuentro con Luis Fernando Noreña Gamboa, en las tierras del Cid Campeador, aquí van unas pocas fotos:





viernes, 20 de marzo de 2009