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lunes, 18 de abril de 2011

Abril, la primavera y las ausencias

Se consolida la primavera, los estornudos se acrecientan y los ciclistas se dejan llevar por los caminos adoquinados del norte de Europa; es abril en todo su explendor.

Los árboles vuelven a poblarse de puyitos verdecinos que, en poco tiempo, se tornan hojas y el renacer de la vida se hace notar en cada esquina. Entre tanto, con la regularidad que cada año trae, por los caminos polvorientos, las ruedas, acompasadas al son del pedaleo, arrebatan el aire, estremecen los cuerpos que las dominan y hacen la fiesta de cada primavera, el cilcismo se hace ruta y las competencias se suceden, cada una en su rito; el mito crece y el espectáculo no cesa.

Pero no siempre la primavera es sinónimo de vida, a veces también ella sucumbe en pleno renacer, la muerte no conoce de tiempos ni de espacios y menos de estaciones; se deja llegar, aparece, se hace presente para lleverse consigo a quien bien tuvo. Y nos deja el vacío que tiene cada ausencia, ese espacio que ya no se llena y permanece, no se sabe bien dónde.

La ausencia de José Ramón Díaz, es la marca que nos deja esta primavera, con ella se ha marchado, ahora sólo es recuerdo. Y con él ya son varios los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá de 1978 que han cumplido la cita. Ya no están, ya no son, pero sus imágens y recuerdos perduran en la memoria, de alguna manera se hace más presentes que los que simplemente se han alejado un poco del camino, pero sin abandonarlo.

La primavera continúa, los estornudos se hacen más frecuentes y cada día el sol alarga su presencia, acortando las noches poco a poco.

Y mientras los ciclistas siguen en su peregrinar sin rumbo, ayer allí, hoy por acá y después por allá -Mañana 20 de abril se corre la Flecha - Valona- los recuerdos siguen su curso, con imágenes que permanecen desde hace más de treinta años guardadas en la memoria, para aparecer ahora como si fueran de ayer y José Ramón sigue igual que cuando terminamos el Colegio, y así se quedará para siempre.


NOTA: Gracias a Luis Fernando Marín G. supe del deceso de nuestro ex compañero de clase, me hizo llegar una nota el mismo fin de semana de la partida de José Ramón.

viernes, 21 de enero de 2011

SIN CUENTA

Mejor escribirlo como corresponde, cincuenta. Sí, porque muchos ya hemos llegado y los que aún nó, el camino que tienen por delante es cada vez menos largo.

Los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá, que en 1978 recibimos grado, estamos pasando el medio siglo de vida, que no es poco decir -claro que algunos no supieron llegar a la cita y se nos fueron quedando en el camino, así que ya nunca lo alcanzarán- y en estos diez lustros el agua que ha pasado bajo el puente ha traido muchas cosas de todos los colores y sabores y para todos los gustos.

Para empezar, algunos de aquellos mozalbetes son ahora abuelos y otros hasta se han jubilado o pensionado que llaman, así que la mocedad nos va quedando solo en la memoria, que cada es es menos. . . Pero no se alarmen, que no es para tanto, que la calamidad aún no nos alcanza; cuando nacimos, las vías de comunicación en nuestro país eran poco más que caminos de herradura, la telefonía casi desconocida y la televisión para unos pocos; reinaban la radio y los periódicos.

Y en cincuenta años, a más de abuelos -que yo no me incluyo en el grupo, eh! y me atrevo a excluir también al padre Camilo- el mundo ha dado muchos cambios en tan pocos giros: Dicen que fueron a la Luna y cada vez se va más lejos y más rápido, las comunicaciones se volvieron en línea, es decir en vivo y en directo, la radio, la prensa y la televisión evolucionan al ritmo de los tiempos y los vemos ahora en nuestras pantallas personales, aunque mejor sería anteponerle un "in". De los caminos de herradura la evolución es más lenta más densa y más caótica, pasamos de la mula al avión pero seguimos virtualmente en el falgo, en eso que llaman tan pomposamente infraestructura vial.

Qué lejos están los juegos de entonces, cuando era suficiente una tapa de gaseosa o de cerveza para jugar a la vuelta a colombia en los andenes , o una cajita de madera de aquellas en las que vendían arequipe, para con una cuerda hacer un carro! Claro que no somos de la generación de la pizarra, nos tocaron cuadermos y salones con tableros de madera o cemento con las consabidas tizas -arma contundente contra alumno elevado, un buen tizaso y volvias en cuerpo y alma a la clase (a ver Villegas, en qué ibamos?). Otra cosa era borrar el tablero con almohadilla de trapo y después descargarla en la cabeza del elevado de turno. . .

Ahora la generación del chip, hasta para jugar depende de ellos, los salones de clase se van equipando con computadores, uno para cada alumno, los tableros ya no se ven y las tizas menos, para no hablar de almohadillas. Cuadernos?, lapiz?, escribir?, P e n s a r . . . ? ? ?, Do you speak english?.

Joder!!! Cincuenta años, parece mentira, pero ahí están los almanaques para certificar la fechas.

Un abrazo a todos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Hacerse doctor!!!


Aquí tienen el testimonio grafico del momento en que el estudiante de la Universidad Complutense de Madrid, el colombiano Carlos Alberto Villegas Uribe, presenta su tesis de grado ante el Jurado.


Sobra decir que la tesis trata sobre la risa, es evidente.

Es muy grato referenciar que este colombiano, nacido en Calarcá -tierra de poetas, como dicen por ahí- y
bachiller del Colegio Robledo en 1978, haya alcanzado la máxima calificación que otorga esta Universidad: Meritoria, Cum laude, para su tesis de grado.

Congratulaciones para nuestro amigo PTT.