martes, 19 de abril de 2011

Eso de "montar en cicla"

Lo primero que debo decir es que sólo hasta quinto o sexto de bachillerato aprendí a "montar en cicla" y lo hice en una monareta sin frenos que llevaba al Colegio "Lifer" - Luis Fernando Bermúdez- así, aprendí que la mejor manera de frenar era dejarme caer en el pasto antes de que la cicla me cogiera ventaja falda abajo, que en el colegio no era muy difícil dada su ubicación. Será por eso que he sido más caminante que rodador!

En mi casa no hubo triciclo, ni bicicleta, ni nada que se le parezca, hasta bien entrado en la veintena, y las pocas monedas que caían en mis bolsillos no alcanzaban para alquilar "una burra" donde don Jesús. Mis hermanos sí que las tuvieron, todavía recuerdo la camiseta rota producto de una de las aventuras bicicleteras de mi hermano mayor por los lados de la Albania, pero este cuento no va del ciclismo en la familia, va por otro lado, más personal.

Pasados los cuarenta y viviendo en Manizales, un compañero de oficina me invitó alguna vez a pasar un fin de semana en una finca por los lados de Chinchiná, para lo cual colgó de la parte trasera de carro dos bicicletas, y el domingo, para no perder la costumbre, nos fuimos a comprar el periódico, pero en las ciclas, dejamos el carro descansando. De esta pedaleada surgió la idea de comprar una y frecuentar el asfalto. Fueron muchos los fines de semana que dedicamos a pedalear por las inmediaciones de Manizales, en la via a Chinchiná, por la Autopista del Café, rumbo a la Rochela; alguna vez fuimos hasta Santa Rosa y no pocas veces escalamos kilómetros hacia el Páramo de Letras, a donde nunca llegué, el cuerpo no daba para tanto y el viaja a España se interpuso... Pero eso sí, pude ascender a Manizales pedaleando, bueno, no exactamente hasta la ciudad, más o menos hasta la entrada al Hospital Santa Sofía, eso de llegar hasta la Plaza de Toros requiere algo más que disposición y persistencia. . .

Ahora vivo el ciclismo desde el sillón, las clásicas de primavera son el entretenimiento de los fines de semana, antes de que lleguen las grandes competencias, El Giro en mayo, El Tour en julio y la Vuelta después. y como buen colombiano, trato de seguir los pasos a los dos a tres coterraneos que aún compiten por estas tierras.

Así que al cabo de las más de tres décadas de los incipientes pedalazos que dí por las inmediaciones del Colegio Robledo, antes de que nos mandaran a buscarnos la vida con un título de bachiller bajo el brazo, y de los fines de semana dándole al pedal por tierras caldenses, me queda el sillón, para regocijarme viendo cómo esos titanes del siglo XXI, despues de cinco o seís horas sobre la bicicleta tienen arrestos para rematar cada carrera.

Termino esta nota, hoy 18 de mayo, con el Giro en pleno desarrollo, y con Wouter Weylandt en la memoria, no sin antes dejar un saludo a los condiscípulos que desde 1978 pedaleamos en esta no siempre fácil vida, si olvidar los años compartidos en el Colegio Robledo de Calarcá.

PD: Don Ernesto Sábato se ha marchado en pos del absoluto. . .



lunes, 18 de abril de 2011

Abril, la primavera y las ausencias

Se consolida la primavera, los estornudos se acrecientan y los ciclistas se dejan llevar por los caminos adoquinados del norte de Europa; es abril en todo su explendor.

Los árboles vuelven a poblarse de puyitos verdecinos que, en poco tiempo, se tornan hojas y el renacer de la vida se hace notar en cada esquina. Entre tanto, con la regularidad que cada año trae, por los caminos polvorientos, las ruedas, acompasadas al son del pedaleo, arrebatan el aire, estremecen los cuerpos que las dominan y hacen la fiesta de cada primavera, el cilcismo se hace ruta y las competencias se suceden, cada una en su rito; el mito crece y el espectáculo no cesa.

Pero no siempre la primavera es sinónimo de vida, a veces también ella sucumbe en pleno renacer, la muerte no conoce de tiempos ni de espacios y menos de estaciones; se deja llegar, aparece, se hace presente para lleverse consigo a quien bien tuvo. Y nos deja el vacío que tiene cada ausencia, ese espacio que ya no se llena y permanece, no se sabe bien dónde.

La ausencia de José Ramón Díaz, es la marca que nos deja esta primavera, con ella se ha marchado, ahora sólo es recuerdo. Y con él ya son varios los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá de 1978 que han cumplido la cita. Ya no están, ya no son, pero sus imágens y recuerdos perduran en la memoria, de alguna manera se hace más presentes que los que simplemente se han alejado un poco del camino, pero sin abandonarlo.

La primavera continúa, los estornudos se hacen más frecuentes y cada día el sol alarga su presencia, acortando las noches poco a poco.

Y mientras los ciclistas siguen en su peregrinar sin rumbo, ayer allí, hoy por acá y después por allá -Mañana 20 de abril se corre la Flecha - Valona- los recuerdos siguen su curso, con imágenes que permanecen desde hace más de treinta años guardadas en la memoria, para aparecer ahora como si fueran de ayer y José Ramón sigue igual que cuando terminamos el Colegio, y así se quedará para siempre.


NOTA: Gracias a Luis Fernando Marín G. supe del deceso de nuestro ex compañero de clase, me hizo llegar una nota el mismo fin de semana de la partida de José Ramón.

martes, 22 de marzo de 2011

La primavera, la luna y las Fallas de Valencia

Que lo vuelvo a repetir, ha llegado la primavera al hemisferio norte, según los que saben del cuento ya llevamos varias horas metidos en el cuento, pero antes de este inicio terminaron algunas cosas: Como es obvio, el invierno, que le precede, y en Valencia, se quemaron las fallas y se acabó la fiesta. El final de fiesta tuvo su encanto, el 19 de marzo, día de San José -para los que siguen el santoral- patrono de la ciudad de Valencia, y día de la cremá de las fallas, coincidió con la luna llena, además de que la muy nocturna estaba en su momento más cercano a la tierra -lo que llaman el perigeo, según decir de los entendidos, lunáticos o lunólogos o como se les quiera llamar- así que coincidían la luna llena, el perigeo de la misma y las cremá en Valencia; por lo tanto, lo mejor era dejarse caer por la playa antes de la 19:30 horas, porque por estas tierras somos muy inclusives y llevamos los relojes con las 24; así, antes de la hora fijada, y después de una no muy larga espera, pudimos disfrutar de una salida de la luna sobre el mar, llena y perígea -se prodrá decir así?, como preludio a la noche más ígnea de la península. Estos son momentos que se viven y ya, no hay vídeos, ni fotos, ni nada que lo soporte, sólo queda el recuerdo y la sensación de haber estado ahí, en en justo lugar y en el momento preciso.

Pero este cuento estaba iniciado desde el hace varios días, desde el 22, para ser precisos, y apenas hoy vengo a retomarlo, día 31, antes que terminen otras cosas, como el mes y el primer trimestre de este ya avanzado 2011; que ha sido un trimetre bastante movido, eh!

Se movió, y bastante, en Japón, con unas consecuencias que aún no podemos dimensionar -por lo nuclear del caso; se movieron las cosas en el mundo árabe y siguen en sacudida, después de las estruendosas caídas en Tunez y Egipto, las cosas siguen su marcha y no podemos tampoco avisorar el rumbo que terminarán tomando, para muestra Libia, Gadafi y la OTAN, para no detenernos en Yemen, Siria y demás. Y se avecinan cambios en el siempre olvidado y mancillado Tíbet; el Dalai Lama renuncia a la jefatura de estado en el exilio; sabemos, y bien, que el Tíbet solo existe en el exilio, lo que pisotea China, con el silencio complice del mundo, no es más que su sombra! Así que los tibetanos se enfrentarán en poco a otra orfandad, después de la que viven desde hace ya más de cincuenta años, su jefe espiritual abandona la jefatura del estado, y eso es algo inédito para ellos...los estremecimientos no cesan.
Finalmente, para no prolongar más este entuerto de hoy, durante este trimestre hemos cumplido tres años de no ininterrumpida vida bloguera. Tendrán que perdonar los que se aventuren por este chapoteado espacio, pero es que eso de hacer blog es tan nuevo, aunque no lo parezca, que aun no aprendemos.
Pero no puedo terminar sin hacer alusión a Liz Taylor, la de los ojos violeta, el amor eterno de Richard Burton; ahora, mientras conducía desde la orilla del mar, mejor dicho, desde la oficina, que estamos ahora a la orilla del mar, me vino a la memoria un aire de tango "Sus ojos se cerraron, y el mundo sigue andando..." y es que no se detendrá, y mejor que no lo haga! por mucho que pase y suceda.
Con todo esto, pareciera que a los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá de 1978 los he dejado en un rincón, olvidados, pero no, sólo es apariencia. Por ejemplo, a Carlos Alberto Villegas Uribe, tal parece que se los tragó la tierra, que ha que ha sido devorado por la manigua; desde que se marchó para el Quindío, se han perdido sus pasos, no hay GPS que valga, el tipo insiste en el anonimato, la perdidez, el desconecte; en qué andará. . .

domingo, 27 de febrero de 2011

1492, Colón, lo reyes católicos y la madre que los parió...

Fácil recordar los cuentos, chinos, por cierto, que nos contaron desde la escuela y nos repitieron en el colegio sobre el mal llamado Nuevo Mundo, que terminó conociéndose con el nombre de América -claro que los amigos del norte tienden a apropiarse del termino de no muy buena manera.

Ya en alguna entrada anterior de esas que bordean octubre y su memorable fecha, dejaba caer algunas perlas sobre el llamado "descubridor", que si nació allí o acá, que su nombre que si apellido y todo lo que envuelve su historia, que no es tan lejana como para que genere tantas incógnitas, pero así es.

Pero el cuento lo traigo a raíz del libro que acabo de leer "1492 El nacimiento de la modernidad" de Felipe Fernández-Armesto. En la obra se elabora un retrato del mundo por aquellas calendas, desde la incipiente Europa, arrinconada en el extremo de la tierra conocida, los inicios de la exploración-explotación del continente negro, a monos de portugueses y españoles -que aun no lo eran, por entonces aragoneses, castellanos y demás- así como el intríngulis de la expansión religiosa, la batalla entre el Islam y el Cristianismo en tierras africanas. Centra su atención en las potencias económicas de la época, China e India y las tierras que circundan el océano Índico; refleja las dificultades que representaban para los europeos acercarse a esas fuentes de poder y riqueza, el eterno viaje terrestre por la insegura ruta de le seda o la alternativa de remontar el Nilo, para acceder a las costas de Etiopía. De allí la desesperada de los europeos por encontrar una nueva ruta hacia las Indias, porque allí se movía el mundo.

Se ha un bosquejo sobre los hilos del poder en la Europa del siglo XV, y se adentra en el tejemaneje y las peripecias de los descubrimientos.

Siempre tuve en la memoria que fue de Palos de Moguer, de donde zarpó la flota, comandada por el almirante, para emprender la búsqueda de la nueva ruta, después de que Isabel La Católica, reina de Castilla, empeñara sus joyas para financiar tan prometedora empresa. Pero parece que no hay tal, según Fernández-Armesto, de Almirante Colón no tenía un pelo, era lo que hoy podríamos llamar un encantador de serpientes; la empresa fue financiado por banqueros italianos radicados en Sevilla y algunas autoridades de las cortes de Castilla y Aragón, y el más probable puerto de salida fue desde San Sebastián de la Gomera en las Islas Canarias, desde donde los vientos alisios facilitan la navegación, que por entonces era de vela y dependía completamente de los vientos...

Después de leído el libro me quedé preguntándome cuántas otras mentiras o imprecisiones tuvimos que tragarnos, y nos seguimos tragando, los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá, pero no sólo los de 1978. O será Felipe el que echa cuentos chinos y la verdad es la contienen nuestros textos escolares? Ser o no Ser, eh ahí el mehueco.

sábado, 12 de febrero de 2011

Aconteceres

En estos días nos dejamos arrastrar por los hechos sin oponer mayor resistencia; el poder de los medios de comunicación se hace patente cuando nos permite participar en vivo y en directo de la vida diaria en cualquier lugar mundo; desde lo más trivial o superfluo hasta los acontecimientos más trascendentales, como los que se viven en el mundo árabe en estas primeras semanas del año, donde dos dictaduras de viejo calado se han derrumbado ante el empuje sus pueblos.
Difícil permanecer indiferente ante acontecimientos como los protagonizados por tunecinos y egipcios. Y no es que estos levantamientos sean nuevos, de ello da cuenta la historia, recordemos la caída de los regímenes de los países de la Europa del este, con la caída del Muro de Berlín como hito insospechado. Qué lejos vemos ahora lo que en su momento fuera la Cortina de Hierro, y no ha pasado tanto tiempo, escasas dos décadas. Esto nos da una idea de cómo el mundo se ha ido transformado desde que nos hicimos bachilleres en el Colegio Robledo de Calarcá en 1978.
Mucha agua ha pasado bajo el puente, el mundo de entonces apenas se reconoce hoy, lo mismo que los rostros impresos en aquel mosaico del "saco a cuadros" que dejamos colgado en las paredes del colegio, para eterna memoria; eternidad efímera, como lo demuestra el hecho de que el Colegio ya no está donde lo dejamos, de nuestros profesores es difícil que alguno siga dictando clases y del mosaico ya ni el recuerdo.
Pero esa es la vida, una cadena de acontecimientos ininterrumpido, cada vida, cada familia, cada pueblo se van haciendo otros de forma paulatina. Que distinto es el mundo y cuan distintos cada uno de nosotros, al punto que algunos, después de tantos años de no vernos, ni siquiera podamos reconocernos en un improbable reencuentro.
Entre tanto, y mientras los pueblos árabes labran sus inciertos destinos, yo seguiré anclado en esta esquina, como en estos tres últimos años, viendo pasar la historia por delante de las narices.

sábado, 5 de febrero de 2011

Sueños de amanecer

Ayer viernes, mientras me desplazaba la oficina -unos veinte minutos de recorrido en coche o carro que llaman- en medio del tráfico de la primera hora del día para atravesar la ciudad de Valencia, jugaban en mi mente recuerdos de futuro.
Bueno, mejor aclarar antes de que el entuerto se haga más grande; digo futuro, porque me recreaba en una imaginaria reunión que por no haber pasado, necesariamente tiene que ser del futuro y aludo a recuerdos, porque los rostros de los compañeros de reunión no se corresponden con lo que tienen los personajes hoy. Afirmación esta última que hago sin temor a equivocarme, por muy Berlusconi que se se las dé alguno (Que no hago referencia a nadie en particular, no tengo referencias, no recibos mensajes; así, el que se sienta aludido, que se mire al espejo).
Los reunidos éramos los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá en 1978, pero a pesar de los treinta y tantos años transcurridos, se paseaban en mi mente con los rostros que conservo de todos ellos, la gran mayoría en plena juventud!
Y es que no podía ser de otra forma, en nuestras mentes permanecen los rostros de los amigos y conocidos con las edades que tenían las últimas veces en que nos encontramos, y como a la gran mayoría de ellos no los veo desde la época del colegio, pues así permanecen. Con los cercanos o más frecuentados el paseo es distinto van madurando y transformándose a través de los años al mismo ritmo que uno, claro que algunos sacan ventaja, los demás se quedan como en una fotografía, inmutables.
En esto me distraía hasta llegar a la oficina, entonces, desconectar y de nuevo a la rutina.
Hoy he querido compartirlo con los que frecuentan o llegan por accidente a este sitio, bien lo canta Serrat:
"Los recuerdos suelen
contarte mentiras.
se amoldan al viento,
amañan la historia;
por aquí se encogen,
por allá se estiran,
se tiñen de gloria,
se bañan en lodo,
se endulzan, se amargan
a nuestro acomodo,
según nos convenga;
porque antes que nada
y a pesar de todo
hay que sobrevivir.
...

viernes, 21 de enero de 2011

SIN CUENTA

Mejor escribirlo como corresponde, cincuenta. Sí, porque muchos ya hemos llegado y los que aún nó, el camino que tienen por delante es cada vez menos largo.

Los bachilleres del Colegio Robledo de Calarcá, que en 1978 recibimos grado, estamos pasando el medio siglo de vida, que no es poco decir -claro que algunos no supieron llegar a la cita y se nos fueron quedando en el camino, así que ya nunca lo alcanzarán- y en estos diez lustros el agua que ha pasado bajo el puente ha traido muchas cosas de todos los colores y sabores y para todos los gustos.

Para empezar, algunos de aquellos mozalbetes son ahora abuelos y otros hasta se han jubilado o pensionado que llaman, así que la mocedad nos va quedando solo en la memoria, que cada es es menos. . . Pero no se alarmen, que no es para tanto, que la calamidad aún no nos alcanza; cuando nacimos, las vías de comunicación en nuestro país eran poco más que caminos de herradura, la telefonía casi desconocida y la televisión para unos pocos; reinaban la radio y los periódicos.

Y en cincuenta años, a más de abuelos -que yo no me incluyo en el grupo, eh! y me atrevo a excluir también al padre Camilo- el mundo ha dado muchos cambios en tan pocos giros: Dicen que fueron a la Luna y cada vez se va más lejos y más rápido, las comunicaciones se volvieron en línea, es decir en vivo y en directo, la radio, la prensa y la televisión evolucionan al ritmo de los tiempos y los vemos ahora en nuestras pantallas personales, aunque mejor sería anteponerle un "in". De los caminos de herradura la evolución es más lenta más densa y más caótica, pasamos de la mula al avión pero seguimos virtualmente en el falgo, en eso que llaman tan pomposamente infraestructura vial.

Qué lejos están los juegos de entonces, cuando era suficiente una tapa de gaseosa o de cerveza para jugar a la vuelta a colombia en los andenes , o una cajita de madera de aquellas en las que vendían arequipe, para con una cuerda hacer un carro! Claro que no somos de la generación de la pizarra, nos tocaron cuadermos y salones con tableros de madera o cemento con las consabidas tizas -arma contundente contra alumno elevado, un buen tizaso y volvias en cuerpo y alma a la clase (a ver Villegas, en qué ibamos?). Otra cosa era borrar el tablero con almohadilla de trapo y después descargarla en la cabeza del elevado de turno. . .

Ahora la generación del chip, hasta para jugar depende de ellos, los salones de clase se van equipando con computadores, uno para cada alumno, los tableros ya no se ven y las tizas menos, para no hablar de almohadillas. Cuadernos?, lapiz?, escribir?, P e n s a r . . . ? ? ?, Do you speak english?.

Joder!!! Cincuenta años, parece mentira, pero ahí están los almanaques para certificar la fechas.

Un abrazo a todos.